IV - Chamonix y Ginebra


Llegamos a Chamonix sobre las 7 de la tarde, vamos directamente al parquing Galpon, de pago. Hace bastante frío, nos acercamos hasta la base del teleférico comprobamos los horarios y vemos la previsión meteorológica para el día siguiente, que es ideal pues estará despejado todo el día. Nos damos una vuelta por el pueblo, que a esa hora está desierto, regresamos a la auto y ponemos la calefacción un rato pues la temperatura ha bajado mucho. 

26 de junio
Amanece despejado y soleado según lo previsto. Sobre las 10 nos vamos a la cola del teleférico. Tras más o menos una hora de espera nos montamos en la cabina del primer tramo, que nos lleva hasta el plan de l'Aguille a 2317 mts. Nos toca esperar unos 15 minutos antes de montarnos en la segunda cabina. Supongo que una de las razones de la demora entre una cabina y la siguiente es que los cuerpos se vayan acostumbrando a la altura. La segunda cabina nos dejó en la plataforma de L'aguille a 3.777 mts y aquí tomamos un ascensor que nos eleva hasta los 3.842 mts. Con una temperatura de -3º.  

Afortunadamente el cielo está casi totalmente despejado, la visión no puede ser más espectacular: picos nevados de todas las formas imaginables, glaciares, montañas suizas al norte e italianas al este, alpinistas escalando, marchadores sobre la nieve, diminutos puntos rojos sobre el mar de hielo (que resultan ser tiendas de campaña) y al suroeste el Mont-Blanc 1.000 metros más alto todavía, aunque se tiene la ilusión óptica de que casi se puede tocar con la mano. Nos hinchamos a hacer fotos.


En algún momento sufrimos un poco el mal de altura, nos olvidamos de la altitud a la que estábamos y nos movíamos como si estuviéramos a nivel de mar, pero tras un momento de descanso recuperamos el tono y a seguir disfrutando, eso si más pausadamente.  

 
Yo había estado allí 37 años antes, también en un día despejado, aquello fue una aventura inolvidable. En esta ocasión disfruté más todavía, la inmejorable compañía y la madurez son las responsables de ello.
 
En la bajada hicimos una parada en el Plan de l'Aguille y nos sentamos en la terraza a tomarnos un chocolate calentito, las nubes empezaban a crecer, pero a nosotros nos habían respetado.

Una vez en Chamonix la temperatura había subido hasta los 21º y tuvimos que empezar a quitarnos capas de ropa a pasos agigantados. Comimos, y nos fuimos a pasear por el pueblo, estuvimos de tiendas. Aquello parece un gran centro comercial en el que no falta ninguna de las grandes marcas de ropa deportiva. Yo al final piqué y me compré una camiseta de manga larga, con la idea de usarla para pescar.
 
Nos sentamos en una terraza al sol y descubrimos una bella engañifa, que como no podía ser de otra manera estaba dedicada al mundo del alpinismo.


Regresamos a la auto y nos fuimos a dormir al aparcamiento de Sallanches que ya conocíamos. Al sacar la camiseta de la bolsa me doy cuenta que no concuerdan el precio de la etiqueta y el que figura en el ticket, me han cobrado 13,50€ de más. Habrá que volver mañana a reclamar.


 
 

 
27 de junio
Volvemos a Chamonix a reclamar el precio de la camiseta, estamos a 10º y está nublado, nada que ver con el día de ayer ¡Que bien elegimos el día para subir al L'Aguille!. Llegamos a la tienda a reclamar y de primeras el empleado nos dice que el error está en el etiquetado, a lo que le respondo que si es así que no quiero la camiseta y que me devuelvan el dinero. No sabe hacer la devolución, llama al jefe y éste al cabo de un rato me ofrece la posibilidad de darme los 13,50€ en efectivo, acepto y nos vamos, se despide con el consabido desolé.

Emprendemos el camino hacia Le petit Bornard con la intención de pescar en un tramo del río Borne recomendado por los de la tienda de Aneky. Por el camino pasamos por el valle y las gargantas del Borne, espectaculares, el río es precioso va un poco crecido pero es pescable.
Después de comer me pongo a ello, el tiempo ha mejorado y luce el sol. Estuve pescando unas 2 horas y media muy divertidas, en total tuve 5 truchas en la mano, dos de ellas muy majas y un montón de picadas más. Hoy valió la pena, pasé un rato muy entretenido.


 
Nos vamos hacia La Roche sur Foron, en el camino nuestra Isabel, la chica del GPS, nos hace una de sus jugarretas y nos toca dar una vuelta turística a la zona sin venir a cuento. En esa excursión atravesamos dos pasos a nivel más, hasta ahora no había hablado de ello pero nos sorprendió mucho la cantidad de pasos a nivel que hemos atravesado en esas regiones de Francia. Sabíamos que para acceder al área de La Roche, el camino era algo complicado, así que decidimos aparcar en otro lugar e ir andando a reconocer el camino. Lo intentamos en otros tres aparcamientos que tenía localizados, fue imposible, al final y después de atravesar todo el centro del pueblo conseguimos aparcar junto a un hospital, en un lugar en principio prohibido pero no había más alternativa. Fuimos andando al área y efectivamente el acceso era complicado y estaba muy lleno. Así que optamos por dejar La Roche para otro momento y nos fuimos al aparcamiento-área de St. Pierre en Faucigny que está junto a la estación del tren. Era jueves por la tarde y la cita con nuestros sobrinos era para la mañana del sábado, así que teníamos que ocupar el viernes en algo no previsto. Nos acercamos a la estación vimos los horarios y decidimos que nos iríamos en tren a Ginebra. Se puso a llover y lo estuvo haciendo el resto de la tarde y toda la noche.

28 de junio
Nos dirigimos a la estación a confirmar los horarios y a comprar los billetes. La estación está cerrada y no hay máquina para poder comprarlos, en el panel de los horarios hay una nota que indica que los billetes se adquieren en el propio tren.

Sabíamos que debido a unas obras el tren no llegaba hasta Ginebra, había que bajarse en La Roche (siguiente parada) y allí un autobús de la compañía ferroviaria nos llevaría a Ginebra. Existía también la posibilidad de ir en tren hasta Aneky (40km) y allí tomar otro tren hasta Ginebra.

Nada más montarnos en el tren se nos acerca el revisor, le pido dos billetes hasta Ginebra, me habla de las dos opciones, le digo que queremos la del autobús, teclea en la maquinita y me dice que son 59,80€, y que podemos optar por cualquiera de las dos opciones. Me quedo sorprendido y sin capacidad de reacción, ya estábamos llegando a la parada en la que nos teníamos que bajar, y pago con cara de bobo. A la vuelta nos costó 6€ el autobús y 1,80€ el tren. Fue una de la mayores engañifas malas del viaje. Lo que más nos sorprendió es que no podía quedarse él con el dinero pues nos expidió el billete oficial. ¿Por qué lo haría? ¿Por timar a unos extranjeros?....

El recorrido en bus fue agradable, aunque había mucho tráfico y entraba y salía de Annemasse. La conductora era encantadora y estaba de muy buen humor a pesar de que le hicieron varias pirulas los conductores de otros vehículos, siempre las solucionaba con una sonrisa.

En Ginebra visitamos el casco antiguo y la catedral, todo nos resultó caro, sacamos 40 francos suizos y pagamos indistintamente en francos y en euros, y nos aplicaron tipos de cambios muy diversos. Encontramos algún suizo muy amable que se ofreció a ayudarnos al vernos consultando el plano de la ciudad. Pero lo que más nos sorprendió fue la cantidad de españoles que vimos, cada dos por tres oíamos hablar en nuestro idioma, gentes de todo tipo y condición, muchas familias con niños. A nuestro entender Ginebra no tiene demasiados atractivos turísticos como para que hubiera tanto turista con niños en el mes de junio. ¿Serían fugadores de dinero?

De Ginebra lo que más nos gustó fue la catedral, en especial algún detalle de la sillería del coro, las vistas desde la torre y el ayuntamiento.
 


Después de mal comer, caro y malo, nos dimos una vuelta por la orilla del lago Leman, tomamos un café muy bueno y muy caro (3,70€ cada uno) y nos volvimos a coger el autobús. Llegamos a St. Pierre y antes de encerrarnos en la autocaravana dimos un paseo por el pueblo, que no tiene ningún encanto, cuando volvimos encontramos libre un enchufe del poste de servicio del área y nos conectamos, ahorraríamos unas horas de gas. Llamé a mi sobrina y quedamos para el sábado sobre las 10 de la mañana. 

V - Fin de los Alpes. Con nuestros sobrinos


29 de junio
Estuvo lloviendo casi toda la noche, a la hora prevista llegamos a Reignier y allí pasamos la mañana con nuestros sobrinos, fuera llovía y llovía. Por fin hubo un claro y después de comer a l'aprés-midi nos fuimos de excursión a la orilla francesa del lago Leman, aparcamos en el bonito pueblo de Nernier, que recorrimos a pie y luego por una senda a lo largo de 2,5 km llegamos hasta Yvoire, catalogado como uno de los más bellos pueblos de Francia. Antes de llegar comenzó a llover y nos tuvimos que refugiar en un bar, de pronto salió el sol y dimos una vuelta por el pueblo, muy turístico pero muy bonito. Llegamos hasta el puerto y tuvimos la sensación de estar en algún lugar de las rías gallegas.


En total habían sido unos 5km de caminata, que nos sirvieron de entrenamiento para lo que nos esperaba al día siguiente.

Después de cenar nos fuimos a dormir, estábamos aparcados junto a la iglesia y sus campanas nos arrullaron toda la noche por duplicado, son de las que repiten las horas.
 
30 de junio
Amanece despejado y nos vamos al Monte Salève, se trataba de hacer una marcha por el monte, nuestro sobrino Damien nos pregunta si la sorpresa la queremos a la ida o a la vuelta, elegimos a la ida y nos ponemos a caminar por la senda, al poco paramos a comer en un prado con unas vistas espectaculares.


Retomamos el camino y empieza la sorpresa, nos toca atravesar varias zonas umbrías con barro deslizante en pendiente lateral, no llevábamos calzado adecuado y continuamente patinábamos, Damien le hizo a Tere un bastón de una rama de avellano, en un suspiro, con su navaja suiza. Gracias a él la marcha fue menos penosa pero hubo un momento crítico en que ni siquiera con el bastón se sujetaba en el barro y tuvo que ayudarla con las manos. De pronto llegamos al pie de los acantilados y la visión no pudo ser más gratificante.


 
Por fin coronamos la ascensión y nos sentamos en el prado a relajarnos satisfechos del esfuerzo realizado.

 
Aún caminamos un poco más hacia la punta del monte, desde el que se ve Ginebra y el lago Leman, había mucha gente merendando (también se puede ir en coche hasta allí) y un montón de ultraligeros volando. El camino de regreso fue más tranquilo y sin sorpresas. Antes de volver a casa nos sentamos en una terraza a tomar una cerveza y a disfrutar de la vista sobre los Alpes centrales. En total fueron unas 4 horas y media de caminata, con sorpresa, con momentos duros pero en conjunto mereció la pena, pasamos un día estupendo.

Después de la cena nos despedimos, con pena pues habíamos estado muy a gusto con ellos, pero nuestro viaje debía continuar. Aquí se acababa la primera parte del mismo.   

VI - Descubrimos el Jura y hacemos un paréntesis


El Franco Condado



Dejamos atrás los Alpes y nos dirigimos al departamento del Jura, el más al sur de los que forman el Franco-Condado. Nos esperaban más de dos semanas de descubrimiento de estas tierras menos conocidas, menos afamadas pero muy hermosas, llenas de secretos dignos de ser descubiertos. No existe un camino vertebrador sobre el que trazar la ruta, es un dédalo de carreteras en el que hay muchos lugares interesantes, todos muy cercanos, y el itinerario que elegimos nos hacía pasar varias veces muy cerca de otros destinos a los que iríamos después. Pero la orografía, el trazado de las carreteras y la escasa información que había en las guías que manejábamos dificultaba mucho la labor, Tere que se encargó de esta parte del viaje las pasó canutas, pero al final su esfuerzo se vio recompensado e hicimos un recorrido estupendo e inolvidable.

1 de Julio
Nuestro primer destino era St. Claude, ya en el camino pudimos comprobar las primeras diferencias con lo que dejábamos atrás. Los montes eran más bajos, muy boscosos. Otra diferencia que notamos enseguida era que en el Jura conducían de forma mucho más relajada que en Saboya.

Llegados a St. Claude aparcamos en el área de autocaravanas y nos fuimos andando hacia el centro; para llegar se pasa por un alto viaducto con estupendas vistas. La Catedral estaba en obras por fuera. Lo más interesante era la sillería del coro, a ella nos dirigimos y empezamos a verla con detenimiento, se nos acercó una señora encantadora y se ofreció a explicarnos, si queríamos, la historia y el contenido de la sillería. Le dijimos que si hablaba despacio la entenderíamos sin problema. Nos contó que había viajado mucho por España, conocía Santander, Granada, Segovia, Sigüenza, Toledo... pero ya hacía mucho tiempo y había olvidado el español.
La explicación de la sillería y sus figuras fue detallada y amena.
Hay verdaderas obras maestras entre las figuras talladas. Como anécdota contaré que Tere había notado diferencias entre las tallas de las sillas de la derecha y las de la izquierda, se lo comenté a la señora y nos dijo que había sufrido un incendio y se reconstruyeron las de la izquierda después del mismo y por tanto estaban hechas por otras manos. Según contó en una ocasión un ciego, que apreciaba las figuras con las manos, lo notó y dijo que estaban hechas por artistas diferentes. Salimos de la catedral muy contentos de haber tenido la suerte de encontrar a esa señora tan encantadora.

Nos dimos una vuelta por las calles del caso viejo de la ciudad, vimos algún edificio muy interesante y encontramos una bella engañifa.

Volvimos a la autocaravana y nos dirigimos a lago de Vouglans, comimos en uno de sus aparcamientos y luego bajamos hasta la orilla, vimos tres chiringos donde podíamos tomar un café, fue imposible, dos estaban cerrados y en el que estaba abierto no funcionaba la cafetera.

Continuamos camino y atravesamos el lago, en realidad un embalse del río Ain, por el puente de la Pila. Una gran obra de ingeniería.

 
El destino final del día era el lago Chalain, éste si natural, y entramos en el camping del Domain du Chalain. Se trata de un complejo vacacional de enorme extensión con muchas instalaciones, playas, las ruinas de un castillo, bares, supermercado... Aprovechamos para poner un lavadora y conectarnos a internet para tener noticias del mundo, de la familia y de los amigos.

2 de julio
Amanece con buen tiempo y nos vamos en la moto a las cascadas del Herisson. Se trata de un conjunto de saltos de agua en el curso del río Herisson (erizo) a lo largo de unos 3,5 km, realmente espectaculares. No hicimos el recorrido completo pero sí que vimos las cascadas más bellas.
 
Regresamos al camping, nos dimos un reconfortante baño en el lago, comimos, hicimos siesta y por la tarde nos dimos un largo paseo por las orillas del lago maravillados por el color de sus aguas, encontramos y comimos muuuchas fresas silvestres; nos resultaron muy curiosas unas babosas de color naranja que encontramos por el camino. También descubrimos la existencia de una playa nudista en el lago.
Volvimos al camping, estuvimos un rato conectados a internet, preparamos la cena y comenzó a llover.


 
3 de julio
Toda la noche estuvo lloviendo, después de recoger nos pusimos en camino hacia Lons le Saunier, por el camino no dejó de llover, la carretera pasaba por colinas y valles boscosos, lástima de lluvia que nos impidió disfrutar del paisaje, afortunadamente los conductores de la zona eran muy tranquilos y no tuvimos ningún agobio.

Llegamos a Lons y nos dirigimos al aparcamiento que teníamos previsto, toda la zona estaba en obras y resultó complicado acceder a él, cuando por fin lo conseguimos comprobamos que no podríamos pernoctar pues al día siguiente había mercado y no se permitía el aparcamiento a partir de las 12 de la noche, así que tendríamos que buscar otro sitio para dormir. Fuimos a la oficina de turismo, nos acercamos al balneario-spa a informarnos del funcionamiento y reservar un masaje para el día siguiente, solo tenían un hueco y Tere insistió en que me lo diera yo, así que lo reservé a mi nombre.

Después de comer, había dejado de llover, tomamos un rico café en un bar y nos reímos un rato con un libro de chistes que tenían en la barra. Comenzamos la visita de la ciudad, la lluvia aparecía de vez en cuando, nos gustó mucho el Hotel-Dieu, que al parecer tiene una hermosa farmacia antigua que no pudimos visitar. Está fue la primera de las farmacias de este tipo con las que nos topamos y que por unas causas u otras nos fue imposible visitar.

Tere quería ir a la peluquería y como ya era tarde solo encontró una en que la atendieran, más le valía no haberla encontrado, le cortaron el pelo, mal y caro, salió cabreada y con toda la razón.

Seguimos el recorrido de la ciudad de fuente en fuente según la propuesta del folleto de turismo, en el recorrido nos gustó la Iglesia de St. Desiré, en especial su cripta del siglo XI.

También nos llamó la atención la iglesia de los Cordelières con su fachada renacentista. En el dintel de la puerta se conserva la inscripción LIBERTÉ, EGALITÉ ET FRATERNITÉ, durante la revolución francesa la iglesia se secularizó, hoy vuelve a estar dedica al culto, pero se conserva la inscripción.


Acabamos el recorrido en la fuente de agua salada que dio origen a la población en tiempo de los romanos, es un manantial de agua caliente y salada, que hoy es canalizada hasta el balneario.

 

En los alrededores de la fuente está el museo de la quesería de la Vache qui rit,
que dispone de un gran aparcamiento del que tomamos nota, pues teníamos pendiente elegir lugar de pernocta.

Necesitábamos tomar agua limpia y vaciar los depósitos de aguas usadas, así que decidimos ir al camping, había unas cuantas calles en obras y nos resultó muy difícil acceder, el gps en un primer intento nos llevó a un lugar equivocado, en la segunda ocasión se empeñaba en darnos una vuelta por la autovía, nosotros veíamos el camping al fondo, justo al otro lado de un puente bajo la autovía, así que ignoramos a Isabel y entramos en el camping, que estaba bastante retirado del centro por lo que sólo lo usamos para tomar y vaciar aguas. Después de ver otros dos aparcamientos elegimos quedarnos en el que habíamos visto junto al museo de La vaca que ríe. Había una buena plaza disponible al fondo del mismo, y allí nos metimos, en esta ocasión la lluvia fue nuestra aliada pues gracias a ella se suspendió un concierto que había previsto allí. Si se hubiera celebrado el concierto el aparcamiento estaría hasta los topes de coches.

4 de julio
Ha estado lloviendo toda la noche, a primera hora de la mañana nos han despertado el camión de la basura y unos perros a los que habían sacado a hacer sus necesidades por allí, pero nos hemos vuelto a dormir. Habíamos acertado con el sitio. Parecíamos italianos, maestros en localizar lugares de pernocta estratégicos. Con nuestra fiel compañera, la lluvia, nos fuimos al mercadillo. Compramos fruta, pan de maíz y unas sabrosas alitas de pollo fritas con adobo picante. Luego a la piscina del balneario, de agua salada a 32,5º, a la hora prevista me dieron el masaje. A la salida ya no llovía, comimos las alitas que habíamos comprado y nos pusimos en ruta hacia Bourg-en-Bresse. Aunque eran pocos kilómetros decidimos hacerlos por la autopista, después de muchos días por carreteras secundarias nos resultó placentero. Aparcamos, según lo previsto, junto al monasterio real de Brou. Lucía el sol, había subido la temperatura y después de instalarnos caminamos un rato y Tere localizó una peluquería que le inspiró y entró a ver si le arreglaban algo el desaguisado del día anterior, mientras tanto yo me dí una vuelta por la zona, fotografié por fuera el grandioso monasterio y me enteré de los horarios de los autobuses al centro.


Tere salió contenta de la peluquería, tomamos el autobús y nos fuimos a localizar turismo, allí nos atendió una simpática y eficaz mujer, hija de valenciano, que nos dio mucha información de la ciudad y de la zona.

Después de refrescarnos con una cerveza en una terraza sombreada, iniciamos uno de los recorridos sugeridos por turismo, se trataba de recorrer las calles localizando las bellas casas con entramados de vigas de madera.

 
En el recorrido descubrimos otra hermosa engañifa.




Bourg-en Bresse, capital de la comarca de la Bresse, es conocida entre otras cosas, por la cría de los pollos de Bresse denominación de origen de unas aves con las patas de color azulado.
Ese día se inauguraba una exposición de esculturas de pollos y huevos, muchas de las cuales vimos en nuestro callejeo.

 
En nuestro plan de viaje inicial Bourg-en Bresse figuraba al final del mismo. Sin embargo modificamos el plan para poder coincidir con nuestros primos que se desplazaban ese fin de semana desde la Turena, donde viven, hasta Riegnier para ver a sus hijos y nieta. Así que acordamos hacer una cita para vernos, aunque solo fueran unas horas. En la tarde del cuatro de julio les llamé para concretar la cita del día siguiente y justo en ese momento estaban mirando en internet el plano de la ciudad y preguntándose donde estaba el ayuntamiento, como estábamos al lado de él, salí corriendo para decirles el nombre de la plaza. ¡Mi respuesta fue más rápida que la de internet!. Al final acordamos que vendrían a aparcar por la zona del monasterio de Brou y allí nos veríamos.

Terminamos el recorrido por la ciudad y nos volvimos al aparcamiento del monasterio. En los jardines del mismo había un concierto, que no duró mucho y nos permitió dormir con mucha tranquilidad.
Antes de acostarnos nos dimos un paseo para ver el monasterio iluminado y hacer alguna foto nocturna del mismo.

 







5 de julio
A primera hora visitamos el monasterio, esta vez por dentro, es realmente espectacular aunque se encuentra en reconstrucción y hay bastantes zonas con andamios. Es nuestro sino, siempre encontramos monumentos en obras. En uno de sus tres bellos claustros, unos paneles cuentan la historia de la fundadora del monasterio Margarita de Austria hermana de Felipe el Hermoso. Debido a las obras no pudimos ver las tumbas de Margarita, ni la de uno de sus esposos, Filiberto de Saboya. Al parecer son obras maestras de la escultura renacentista.
 
 
A medio día llegaron nuestros primos, comimos juntos y nos bajamos al centro de la ciudad a tomar un café, les hicimos una visita rápida de lo más interesante de Bourg.
Me encantó hacer de cicerone de unos franceses en Francia. Regresamos al aparcamiento y nos despedimos, ellos seguían camino a casa de los hijos. Nos hicimos una foto juntos, que quedó un poco azulada, debido a un error mío, parecemos pitufos.








Nosotros volvimos al centro a visitar la Iglesia de Notre-Dâme, pendiente del día anterior. Lo que más nos gustó fue la sillería, especialmente su bestiario.

 
Antes de llegar al aparcamiento descubrimos otra simpática engañifa.

Habían sido poco más de 24h las que pasamos en Bourg, que nos dejaron muy buen sabor de boca, es una ciudad muy alegre, con un rico patrimonio. Entre lo que nos quedó pendiente lo que más rabia nos dio fue no poder ver la antigua farmacia del Hotel-Dieu. Solamente se puede visitar los sábados en visita guiada a las 14h. ¡Los franceses y sus horarios!.

Además nos encantó compartir unas horas con nuestros primos.
 
 
 

VII - El Jura profundo y la llegada al Doubs


Después del paréntesis de Bourg, retomamos nuestra ruta por el Jura, que nos llevó hasta Baume les Messieurs, una pequeña población crecida alrededor de una abadía real, a orillas del pequeño y cantarín río Seille. Enclavada en el fondo de un valle coronado por farallones de roca calcárea. Un lugar realmente encantador.

Nos instalamos en el pequeño camping y nos dimos un paseo por la orilla del río.


6 de julio
Amanece soleado y nos vamos caminando por la orilla del río a ver la abadía cluniacense. Está desacralizada y en obras, para variar, pero lo que podemos ver es hermoso. En esta ocasión las obras son por fuera lo que nos permite ver bien el famoso retablo flamenco del siglo XVI.



 
Regresamos al camping y retomamos la ruta siguiendo el curso del Seille, llegamos a Château-Chalon encaramado en lo alto de un cerro. Las vistas son espectaculares, las laderas están pobladas de viñedos que producen un vino muy famoso.
En la única bodega que vimos abierta probamos el vino, no nos gustó era demasiado fuerte y a pesar de ser blanco se podría decir que es acoñatado. De hecho la botella que compramos nos la hemos tomado en pequeñas cantidades y rebajada con hielo. 
Después de visitar el pueblo y sus distintos miradores volvimos a la autocaravana sudando pues hacía mucho calor, tomamos la carretera con la intención de encontrar un lugar con sombras para comer, y lo encontramos en el aparcamiento de las reculas de Ladoye, con vistas a otro circo de farallones calcáreos.
 
En el prado, al otro lado de la carretera distinguimos un conjunto de vacas comtesas, las que dan la leche para el riquísimo queso Comté, muy juntas como si estuvieran parlamentando. A lo largo del viaje vimos muchos conjuntos de vacas como ese. Se ve que a esas vacas les encanta estar apiñadas.



 
De nuevo en ruta llegamos enseguida a Poligny, capital del queso Comté, hacía mucho calor. En turismo nos dan un plano con una ruta para descubrir la población, lo más interesante son las torres y las fuentes. Como curiosidad decir que en un iglesia desacralizada hay instalada una bodega.

Antes de marcharnos de Poligny compramos muchas cuñas de queso Comté en dos queserías diferentes. Ya teníamos el regalo para la familia y los amigos. En una de ellas compramos también un trozo de Tomme de flores que le llamó la atención a Tere. Aunque habíamos comprado queso por bastante importe, cuando le preguntamos por el Tomme a la dependienta nos dijo que era muy rico y que se comía también la corteza que estaba forrada de flores silvestres secas, pero no se le ocurrió dárnoslo a probar, se ve que no se estila esa práctica en Francia. Si lo hubiéramos probado habríamos comprado más, pues estaba delicioso. Ella se lo perdió.

El siguiente destino, a pocos kilómetros, era Champagnole. Fuimos directamente al área de autocaravanas, que está junto al camping. Estaba bastante retirada del centro de la población. Como en principio no tenía mayor atractivo decidimos saltarnos Champagnole y llegar hasta el siguiente destino Nozeroy. En el corto camino pasamos por bosques de abetos preciosos, me hizo recordar que hace bastantes años viendo una etapa del Tour de Francia que pasaba por la zona me surgieron ganas de conocer el Jura, por fin lo estaba haciendo.

Nozeroy, también encaramada en un cerro, fue durante un corto periodo la capital de Borgoña. Según vamos llegando vemos en la ladera del cerro las autocaravanas aparcadas en el área en la que queríamos pernoctar. La carretera se alejaba del aparcamiento, bordeando el pueblo había señales indicando el área que de pronto desaparecían, la engañifa mala del día. Isabel, era incapaz de llevarnos hasta allí, así que después de dar dos vueltas por el pueblo y sus alrededores optamos por aparcar en un ensanche de la carretera e ir caminando para descubrir el acceso. El área era de pago, 6€, no había donde pagar, supusimos que por la mañana pasaría alguien del ayuntamiento a cobrar. Antes de acabar el día dimos un paseo por el pueblo y descubrimos una señal de tráfico que parece una broma.

 
Al llegar al aparcamiento contemplamos, entre los árboles, un bella puesta de sol.

 
7 de julio
Después de desayunar nos marcharnos a recorrer el pueblo, no ha aparecido el funcionario municipal a cobrar, de momento.
Nozeroy tiene un recinto amurallado, dos hermosas torres-puerta, los restos del castillo, una iglesia del siglo XV y muchas casas con blasones. En realidad son dos calles paralelas a las que se accede por las torres-puerta y rodeadas por las murallas rematadas en el castillo. En la plaza se conservan un grabado de 1787 con el plano de la población y en él se detallan los propietarios de todas las viviendas.

 

Nos vamos de Nozeroy rumbo a Pontarlier, dejamos el Jura para entrar en el departamento de Doubs, también del Franco-Condado. Nos ha gustado mucho el Jura, hemos estado muy a gusto, volveremos.

En Pontarlier nos vamos directos al camping; cuando llegamos la mujer que hay en recepción nos dice que como es midi, no nos puede atender que nos instalemos donde queramos y pasemos a inscribirnos y pagar a partir de las 4 de la tarde. Aparcamos y nos recorremos el camping buscando la plaza que más nos guste, no acabamos de decidirnos por ninguna, la que tiene sombra tiene barro, la que no tiene barro tiene plazas con barbacoas mal olientes en los alrededores. Entre que no acaba de convencernos ninguna y que está lejos del centro, decidimos marcharnos a un aparcamiento que habíamos visto junto a la estación de ferrocarril. Por una vez el horario francés jugó a nuestro favor.

Después de comer nos acercamos a visitar la abadía de Montbenoit a pocos kilómetros de Pontarlier, la carretera circula paralela al río Doubs, que da nombre al departamento y que nos acompañará durante los próximos días. Tiene muy buena pinta y decido que mañana intentaré comprar el permiso para pescar en él.

De la abadía, construida entre los siglos XII y XV, destacan la sillería del coro, un viacrucis esculpido en la pared y el claustro.
 

Montbenoit es la capital de la “República del Saugeais”. Esta es la curiosa historia de la “república”:
En 1947, el señor Ottaviani, prefecto del departamento de Doubs, fue a Montbenoit para asistir a un acontecimiento oficial. El prefecto tenía un almuerzo en el hotel Abadía de Montbenoit, propiedad de Georges Pourchet, y éste le preguntó: ¿Tiene usted un permiso para entrar en la República de Saugeais? Al pedir el prefecto detalles sobre la república misteriosa, Pourchet inventó una historia sobre la marcha.
El prefecto siguió la broma designando a Pourchet como presidente de la República Libre de Saugeais. Pourchet murió en 1968 y su esposa Gabrielle (1906-2005) fue elegida presidente de la República en 1972. Tras su elección, la presidente Gabriela Pourchet designó un primer ministro, un secretario general, 12 embajadores y más de 300 ciudadanos honorarios. Una canción humorística, escrita en el dialecto local (patois) por Joseph Bobillier en 1910, fue adoptada como el himno nacional de la República, y el coronel Henri de St. Ferjeux creó una bandera y un escudo en 1973. Jean Delpech grabó un sello postal admitido por el Servicio Postal francés que conmemora la República en 1987, y fue creado un billete de banco en 1997 coincidiendo con los 25 años de Gabrielle Pourchet en la presidencia, admitiéndose en el «territorio» de la República para compra de recuerdos en la Oficina de Turismo.
Gabrielle Pourchet falleció el 31 de agosto de 2005 a los 99 años, y está enterrada en la Abadía de Montbenoit.
El 28 de enero de 2006, un consejo formado por 30 representantes de las once aldeas que forman la República se reunió en Montbenoit, la capital, y votaron para elegir nuevo presidente, resultando elegida Georgette Bertin-Pourchet (1934), hija de George y Gabrielle.
En 2007, la República cuenta con Presidente, Primer Ministro, Secretario general (M. Louis Perrey), 2 aduaneros, 12 embajadores, y más de 400 ciudadanos. Tiene un «visado» de cortesía entregado por la Sra. Presidente que permite circular libremente en todo el territorio.

Abandonamos la república y volvemos a Pontarlier, en el aparcamiento de la estación encontramos una plaza estratégicamente situada en una esquina y con sombra. Nos vamos a recorrer la ciudad. Como es domingo por la tarde casi todo está cerrado, al fin encontramos una oficina de loterías-tabacos abierta y pregunto por la licencia de pesca. El dependiente, muy amable sale a la calle y me indica donde está la tienda de pesca en la que puedo comprar la licencia. Nos acercamos hasta ella y.... resulta que además de los domingos cierra los lunes, habrá que buscar otra solución. Hace calor y tenemos sed, nos vamos a un parque junto al río a buscar una terraza para tomar algo. No hay terraza en el parque, cosa que es bastante habitual en Francia, no existen terrazas para beber en los parques, a lo sumo existen sitios para comer. Después de dar unas cuantas vueltas al fin encontramos una terraza en sombra en la calle principal y allí nos sentamos a refrescarnos y a satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, o sea a orinar.

Visitamos su bella iglesia, tiene hermosas vidrieras modernas, una curiosa virgen negra y una impresionante torre-campanario. En el otro extremo de la calle principal está la puerta del reloj.

 
Pontarlier es conocida como la capital de la absenta, y en ella existen unas cuantas destilerías de este licor. Al final de la calle principal hay un puente sobre el río Doubs, un cartel explica una historia muy curiosa: el 11 de agosto de 1901 se declaró un incendio en la destilería Pernod, un trabajador, ante el riesgo de que se incendiaran los depósitos de absenta decidió abrir los grifos y verter el contenido en el río. La población cuando se percató del hecho empezó a lanzarse al río a tomar el aperitivo gratis. Se cuenta que los soldados que habían acudido a sofocar el incendio bebían absenta llenando sus cascos. Este curioso hecho sirvió para descubrir que el río Loue, hasta entonces considerado un afluente del Doubs, es en realidad una surgencia del mismo, ya que al cabo de unos días, por la fuente de la Loue (una cueva de la que mana el río a unos cuantos kilómetros de distancia y que hasta ese momento era considerado como su nacimiento), empezó a salir agua anisada con el olor, el color y el sabor de la absenta.

Había sido un día sin engañifas de ningún tipo. Antes de acostarnos contemplamos, en la lejanía, unos fuegos artificiales.


VIII - El Doubs y La Loue


8 de julio
La primera tarea del día era localizar donde podía comprar el permiso de pesca; nos vamos a la oficina de turismo a preguntar, me indican en primer lugar la tienda que ya sabíamos que estaba cerrada el lunes, se lo cuento y me indican otro lugar en un polígono a las afueras, pregunto si estará abierto llaman por teléfono y les responden que está abierto. Nos vamos hacia allí y entramos en la gran nave llena de artículos de pesca, busco al responsable le digo lo que quiero y me dice que no existe la licencia para todo el departamento del Doubs, sino que en cada lugar hay una diferente, allí la que venden sirve sólo para el lago Saint-Point. Le pregunto donde puedo comprar el permiso para el río Doubs y me dice que no sabe... Un poco mosqueados nos vamos de allí, ya encontraríamos el permiso en otro sitio.

Nos dirigimos a visitar el castillo de Joux. Este castillo de origen medieval, próximo a la frontera suiza, pasó por diversas manos: los señores de Joux hasta 1410, luego Felipe el Bueno, más tarde pasó a manos de Carlos V en 1530, por último en 1674 Luis XIV invadió el Franco-Condado y ocupó el castillo. De esa época datan las fortificaciones erigidas por Vauban. Durante la Revolución Francesa se convirtió en prisión del Estado. Aunque en realidad, según nos contaron, siempre se utilizó como prisión.
Por allí pasaron presos célebres, nobles, ilustrados y el llamado primer general negro Toussaint Louverture. Fue el jefe de los rebeldes en la isla de la Española contra las tropas absolutistas, con la Revolución fue nombrado jefe de las tropas locales, llegando a ser general. Con la llegada al poder de Napoleón se instaura otra vez la esclavitud en la isla. Toussaint es capturado y encarcelado en el castillo de Joux, donde moriría meses después. En la celda que ocupó se conserva una copia de la carta que dirigió a Napoleón: El primero de los Negros escribe al primero de los Blancos...

El castillo está situado en lo alto de una colina y las fortificaciones lo hacían inexpugnable, es un verdadero monumento de la arquitectura militar.

La climatología, especialmente en invierno, es durísima. Las condiciones de vida son insalubres, en casi todos los lugares las piedras rezuman. En invierno las temperaturas pueden descender hasta los 40 º bajo cero. 

Se visitan galerías, estancias, patios y por una escalera de 212 peldaños se desciende hasta la entrada de un pozo de 120 mts de profundidad excavado en la roca.


La visita es guiada, tuvimos suerte con el guía que nos tocó, era amable, simpático y se le entendía muy bien.

Después de la visita del castillo nos ponemos en marcha con la intención de comprar el permiso de pesca, paramos en dos pueblos a orillas del Doubs y no saben donde los puedo comprar, llegamos hasta Morteau, aquí comemos y después nos vamos en búsqueda del famoso permiso, en una tienda de pesca nos dicen que lo venden en un despacho de tabacos y loterías. Hace mucho calor y nos toca caminar las calles en cuesta de la población bajo el sol, llegamos al estanco y sí lo tienen pero solamente para un tramo próximo a esa población, que no me gusta para pescarlo. Estoy a punto de renunciar a pescar por las dificultades, pero Tere insiste en que lo busquemos en otro lugar, un pueblo alejado del río unos diez kilómetros del que ella tiene referencia sacada de un página de pesca en internet. Llegamos allí, como último recurso, y por fin me venden un permiso para un tramo del río que, sin ser el más apetecible de los vistos, me puede servir y lo compro, me cuentan los límites del tramo y vuelvo con el mapa de carreteras para que marquen en él donde están los límites, y son incapaces de encontrarlos en el mapa.

Bajamos hasta el río y elijo un lugar que tiene un aparcamiento sobre hierba a la sombra. Está en un desfiladero. Me visto de pescador y me lanzo al río, lo primero que me llama la atención es la elevada temperatura del agua, lo que me hace dudar de que allí pueda haber truchas. Al cabo de un par de horas de pesca, mis sospechas se confirman, hay peces, de hecho pesco 6 o 7 peces, pero no truchas. Sin embargo un cartel indica su existencia.



He pasado un rato divertido, aunque tanto esfuerzo para buscar el permiso no se ha visto suficientemente recompensado. Esta ha sido la engañifa del día, y fue de las peores del viaje.

Terminada la pesca nos vamos a Villers-le-Lac, aparcamos en el parking del embarcadero, que es de pago, salvo que se realice el crucero por el Doubs. Nos vamos a la recepción que está cerrada. Mañana compraremos el billete.

9 de julio
De buena mañana voy a la recepción a comprar los billetes, les presento un vale de descuento que teníamos y me dicen que es para un barco de la competencia, no obstante como habíamos pernoctado decido sacar los billetes en esta compañía, pago con un billete de 50€ y no tienen cambio, yo no llevo tarjetas de crédito en ese momento. Quedo en volver más tarde y antes de marcharme pregunto por el barco y resulta que es de los que van cubiertos, sin posibilidad de ir al aire libre. Dadas todas esas circunstancias negativas, decidimos irnos a la competencia, es más barato, se navega al aire libre y además el barco se impulsa con energía solar con lo que la navegación será más agradable.



La excursión en el barco se hace aguas abajo del Doubs, a mitad de recorrido el río hace frontera entre Francia y Suiza, se pasa por lugar muy bellos, y alguno tan curioso como una roca en la orilla suiza en la que ha crecido un abeto hacia abajo.
Desembarcamos y recorremos la senda que lleva hasta el grandioso salto del Doubs, en el que un grupo de bomberos están haciendo prácticas de rescate.

Deshacemos el camino y volvemos al embarcadero a esperar el barco de regreso, hace bastante calor. Caminamos un poco por la orilla del río y encontramos muchas fresas silvestres que nos dulcificaron la espera.

Cuando llegó el barco comenzaron a bajar los pasajeros y comprobamos emocionados que se trataba de un grupo de discapacitados de todo tipo que iban acompañados de tres o cuatro monitores que descendían las sillas de ruedas una a una con la ayuda de la tripulación y un par de voluntarios que se añadieron rápidamente al grupo. Alguno de los viajeros podía caminar por si mismo y ayudó también a descender a sus compañeros. Escenas como ésta nos reconfortan con la especie humana, tantas veces tan negativa y agresiva para sus semejantes y para el entorno.

Realizamos el viaje de vuelta disfrutando del paisaje y satisfechos por todo lo que hemos visto. Ya en tierra nos ponemos en ruta hacia el siguiente destino Ornans, en la carretera comprobamos que en Doubs conducen alocadamente como si fueran saboyanos, nada que ver con la relajada conducción de los del Jura. Paramos a comer en un aparcamiento a la sombra, y de postre encontramos otras pocas fresas.

En Ornans nos dirigimos a uno de los campings de los que teníamos referencia, está demasiado alejado de la población y optamos por ir al otro, después de atravesar el pueblo vemos las señales del camping, hasta que desaparecen. Llegamos hasta el pueblo siguiente y no lo vemos, Isabel tampoco es capaz de dar con el acceso, después de alguna vuelta más vemos en un giro sobre un puente, una señal del camping de color azul como las que hay en la autopistas, hasta entonces las señales del camping eran sobre fondo blanco, como en todas partes. En fin la mala engañifa del día.

Por fin accedemos al camping, nos instalamos y nos vamos al pueblo. Ornans es una bella población, como tantas otras conocida como la Venecia de..... Construida a ambos lados del río Loue. Tiene rincones realmente encantadores y la recorremos detenidamente.



 
Volvemos al camping y presenciamos en la lejanía otra hermosa puesta de sol.